Hoy me he levantado sabiendo que algo iba mal. Un miércoles no puede ser un buen día. Nunca. Creo que alguien debería hacer una estadística sobre el número de personas que tienen un mal día un miércoles. El porcentaje debe ser altísimo.
Pero, ¿es peor un miércoles que un lunes? Claro que si. Seamos realistas, los lunes no somos conscientes de qué pasa, andamos medio zombis por las calles, por clase, por el trabajo. Nos dicen cualquier cosa y sonreímos como unos estúpidos con la cabeza todavía puesta en el sábado por la noche, donde seguramente estábamos tomando algo, dando una vuelta, dándolo todo en alguna discoteca o teniendo sexo con la vecina del quinto. Seguramente estemos teniendo una mierda de día pero aún así sonreímos, ¿por qué no? No somos conscientes.
Así, llegamos al martes, donde empezamos a sospechar que ha empezado una nueva semana. ''No, no puede ser. Es una pesadilla'', nos decimos. Entre realidad y pesadilla se pasa el día rápidamente. Pero llega el miércoles; este día será para nosotros el inicio de la semana. Asumimos que el fin de semana ya pasó y que empieza posiblemente otra nefasta semana. ¿Están todos los relojes rotos?, nos preguntamos. El día parece no tener fin.
Pero no hay de qué preocuparse, después de pisar tres mierdas de perro más grandes que un contenedor, recibir dos suspensos, clavar un punzón a alguien, perder cinco euros, pillar el ébola, comer lentejas, ser atropellado, haber muerto (yo moriré un miércoles, lo tengo claro) llegará el final del día y podremos volver a sonreír como unos estúpidos durante el jueves y viernes pensando en lo que haremos el fin de semana.
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