jueves, 18 de diciembre de 2014

18 de diciembre, hoy me dirijo a ti.

Hoy me dirijo a ti. Te voy a hablar del futuro. No un futuro lejano en realidad, sino cercano.
Noche Vieja de 2014. Veo a mis primos, nerviosos, con las uvas en la mano. Veo a mis padres sonriendo, a mi tía delante del televisor, a mis hermanos a mi lado y a mi abuelo sentado en su sillón presidencial. Yo estoy pensando en ti. Tengo las uvas en la mano y años atrás hubiera estado pensando qué palabra voy a decir primero ese año, pero no, estoy pensando en ti. Este año, 2014, puedo decir que ha sido el mejor de mi vida, y lo puedo decir por ti. Recuerdo el primer día que te vi. Y el segundo. Y el tercero. Ay el tercero... Pude comprobar que es verdad eso que dicen de que a la tercera va la vencida. Fui feliz, como nunca antes lo había sido.
Quedan cinco minutos para 2015. No necesito más de dos minutos para recordar todo lo vivido contigo, porque nunca se me ha olvidado. Tras dos minutos pienso en elegir el mejor recuerdo, como si fuera a invocar un patronus. Cierro los ojos y al abrirlos nos están echando una foto a ti y a mi. He salido con los ojos cerrados, había una mosca. Nos devuelven tu móvil, nos reímos. Me encanta verte reír. De este día nos llevaremos el recuerdo de que en este pueblo que sabes todos los señores llevan polo y nos guardaremos el billete de tren. No sólo en el bolsillo, también en el corazón. Con este recuerdo me quedo, el mejor que he vivido.

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