domingo, 17 de enero de 2016

Italia, la llegada.

De repente Santiago se calló. Giré la cabeza rápidamente y vi que se había dormido. Sonreí y de nuevo giré la cabeza para volver a mirarla. Llevaba tiempo haciéndolo mientras Santiago me contaba sus, como él lo llamaba, batallas de viejo loco. Se había quedado dormida, quizás debido al cansancio o quizás por la tranqulidad de que todo hubiera salido bien. Me habría gustado despertarla y decirle a la cara lo guapa que estaba. Sin embargo, me limité a verla dormir. Al rato recordé aquella película en la que una pasajera recibía un cabezado de un hombre que se sentaba a su lado. Me dió por reir. Recordé su risa de aquel dia, y es que la risa de Jane, -me dije-, la recordaría siempre.
Metí la mano en el bolsillo y vi la hora de aterrizaje. Pronto llegaríamos. Se me ocurrieron mil formas de despertarla , a cada cual más graciosa. Me imaginé su reacción, se que se reiría, lo sabía perfectamente. En cambio, le di un beso en la mejilla.
"¿Ya hemos llegado?, "Y ¿no hemos tenido un accidente ni nada? Pues que rollo. -Me dijo. Me lo dijo tan tranquila, como si no bromeara. Me quedé mirandola como quien mira un círculo perfecto dibujado a mano en la pizarra. Me encantaba, y siempre había sido así.
Nada más salir del avión, no sin antes habernos despedido de la pareja feliz de ancianos, nos pusimos a inventar todo tipo de palabras en italiano. Ambos discutiamos, pero discusiones muy nuestras,  sobre qué palabras sonaban más a italiano. Decidimos, a la vez, poner a prueba nuestras nuevas palabras inventadas en cuanto llegaramos al hostal. Recuerdo que la noche anterior, dijimos que nuestro lema sería 'Si hay hostal, hay amor' así que decidimos que en todos nuestros viajes, del cual sería testigo nuestro nuevo álbum de fotos, iríamos a un hostal.
Así pues, tras acordarlo, entramos en aquel extraño hostal hablando en un italiano inventando, muy alto y discutiendo. Llegamos a recepción y la gente se nos quedaba mirando. Rápidamente, Jane le dijo al recepcionista que nos querían engañar. Sin motivo, pero que nos querían engañar. "Porque somos españolini" dijo. Yo la miraba y me sentía el chico más feliz del mundo. Tenía muchas ganas de llegar arriba y empezar a reirme como un loco con ella.
Pasada la discusión, nos dieron las llaves y subimos en un viejo ascensor con pinta de haber sido sede de algún encuentro furtivo entre los dueños del hostal.
Nos propusimos empezar a buscar suciedad, poner hojas de reclamaciones, dos por día al menos, saltar sobre la cama, hacer algunos amigos, investigar algún asesinato en las cocinas, colarnos en estas para hacer tartas a escondidas...
Jane sonreía, con esta cara que pone cuando imagina algún plan, y yo no podía ser más feliz.
Llegamos a nuestra planta, empezaba algo, algo magnífico, nos sonreímos, nos dimos un beso, y abrimos la puerta.