lunes, 16 de marzo de 2015

16 de marzo, la boda.

Planes, muchos planes. Tantos, que decidimos casarnos. Cuatrocientos invitados, veinte tortillas y vasos de plástico para todos. '¿Dónde nos casamos?' surgió en la conversación. 'Si es contigo, donde sea' respondimos. Sitios, muchos sitios. Tantos, que hasta la tienda del chino nos valía.
Estoy nervioso, me aprieta la corbata. 'Y eso que yo siempre he sido muy de corbata', pienso. Miro a los invitados, no conozco ni a la mitad. Creo que el de la cuarta fila es el tipo al que preguntamos en la estación, ¿que hará aqui? Supongo que tiene un papel importante en mi vida.
'Estando juntos, no sé ni dónde estamos... Será porque te amo' suena en mi cabeza. Dulce canción. ¿Pero por qué se retrasa? Supongo que ya tendría que estar acostumbrado.
Sin embargo, sigo esperando. Un tal 16 de marzo, un dia más de esta historia sin final.

jueves, 12 de febrero de 2015

12 de febrero, la historia de Jack.

Hacía ya mucho tiempo que Jack escuchaba ese sonido. Era como cercano, pero a la vez lejano, no sabía explicarlo. Tampoco le había dado mucha importancia. A las seis y dos minutos de cada día lo oía. Y siempre, desde que recordaba, se acercaba a la ventana buscando el origen de tal suceso. 
Jack era un chico solitario, bastante normal en su opinión y con una imaginación impropia en un chico de su edad. Se divertía solo, y no tener muchos amigos no era algo que le disgustase.
Un día de primavera, mientras dibujaba, escuchó el sonido. Como cada día fue hacia la ventana. Giró la cabeza en todas direcciones, observó la iglesia, la cigüeña que habitaba encima, el parque lleno de niños riendo y allí se paró. Nunca antes se había fijado. 'No puede ser, me habría dado cuenta' se decía. Era la niña más guapa que había visto nunca. Quería bajar a decirselo, quería jugar con ella. Y allí estuvo toda esa tarde de primavera, mirándola por la ventana.
Llegó el dia siguiente. Se asomó. No estaba. Se puso muy triste. Había estado esperando todo el dia para ese momento. Pasaron las horas y sonó. Ese sonido volvía a nacer y allí estaba ella. Una llamarada le recorrió el interior, le ponía los pelos de punta. Así estuvo todos los días, todos y cada uno esperando el sonido. 
Pasaron los años, se inventó su nombre. Tenía miedo de decirle lo que sentía y que no volviera a aparecer. Habían pasado diez años y no era capaz de mirar a nadie como lo hacia con ella. Toda su vida había amado la marginación, le gustaba estar solo, pero cuando la miraba sentía que quería compartir su mundo con ella.
Llegó el día, se decidió a bajar. Hacía mucho frio, ella se reía con sus amigas. No había escuchado su voz pero se la podía imaginar. Se acercó, ella también lo hizo. Sin saber como se vio abrazo a ella. "Has tardado mucho", le susurró ella.
Compartieron el resto de su vida.